*[especial] sónar festival: Crónica Jueves Día _por @brasoriol #sonar2013

Sólo alguien que lleva 17 años visitando sonar de forma incondicional, puede contarte con pasión lo que se vivió ayer en el nuevo recinto de Montjuich. Recuperamos a nuestro guía   espiritual para dejarnos llevar por la escena electrónica, el farandulero musical por excelencia, ORIOL BRASÓ (sí, ese al que cada año vemos en el reportaje de sonar Tokyo ;)

AUTOR: Oriol Brasó

majorettesNos vamos a la Feria. Crónica del jueves del Sonar de Día

El jueves de este vigésimo Sónar era un día de los importantes en la historia del festival, ya que se ponía a prueba la nueva ubicación del Sónar de Día. Pues nada, un 10 para un cambio 0 traumático.

Nuevo espacio, misma experiencia

La experiencia de este nuevo Sónar de Día empieza al salir del metro. Un imponente cartel con las cheerleaders da la bienvenida al festivalero y le emplaza a realizar el feliz paseo hacia arriba con el MNAC al fondo, que te mira como diciendo “¿Verdad que está bien elegida esta nueva ubicación?”. Sólo hay que ponerse en la piel del guiri y ver como ya desde las mismas torres de Maria Cristina siente el mismo “I love Barca” que sentía en el Raval. Andamos hasta el Palau de Congressos, que hay que rodear para entrar por la Avinguda Rius i Taulet. Sol, verde, feria. Montjuïc, el Sónar. Felicidades nens.

Un servidor tenía un solo temor previo: el SonarDôme -conocido por el pueblo raso como “la carpa Red Bull”-. No en vano, estábamos sustituyendo un segundo escenario exterior por otro interior -“¡Perderá el encanto!” decía Twitter hace un par de meses-, así que entramos directamente a ver a Cassegrain en el Dôme. Techno para puretas balanceándose entre lo profundo y lo jacking, claraboyas dejando entrar la luz del día y césped en la pista. Papeleta muy bien solucionada y primer baile acometido, en una de las mejores actuaciones del jueves.

Tutu by Oscar García

Tutu by Oscar García

Otra de las cosas que nos encanta del jueves de día, es que el primer DJ del Village cada año es un rookie de la escena barcelonesa, que pincha con los nervios a flor de piel y reparte besos a sus colegas incondicionales de primera fila, mientras el resto del respetable se refugia sentado en la sombra. Este año era el turno de Tutu, y la chica estaba que no cabía de gozo. Un momento de emoción que, para un SónarAddict que lleva 17 años consecutivos acudiendo al festival, sigue siendo el imperdible tonti de cada año.

No es rara, es avanzada

Después pasamos a las actuaciones marcadas en fosforito en Clashfinder, como las de Fantastic Mr Fox y Gold Panda, que dan todo el sentido a la experiencia diurna de poder hace bailar pies y mente, en un eterno continuum two-step, contemporáneamente houseado.

“Al Sónar de Día me gusta ir a ver cosas raras”. En estas fechas de junio sabe más el nerd que el hipster. El show de EVOL en el SonarHall -escenario encantadoramente acojonante- es un homenaje al sonido “poing” del gabber holandés de los 90. En otras palabras, lo que bailaban los chungos en Rotterdam hace veinte años. Otro triunfo. Un tío vestido de conejo pegando brincos perezosos en el escenario mientras flashes de luces incesantes se proyectan contra el público y los BPMs martillean sin clemencia. 30 minutos de extremismo makinero con un pie en el siglo XXII.

Cuando el sol ya se hace insoportable toca el temido “voy a darme un paseo por la feria discográfica”. No, este año no hay flyers, señores, el rollo es +D. Poca diferencia hay entre los hackers que tienen sólo 24 horas para desarrollar aplicaciones en el Music Hack Day y los artistas de la Barcelona Laptop Orchestra que actúan en el nuevo SonarComplex -auditorio con mil butacas-. A los primeros la gente los mira como si fuera un zoo y a los segundos la gente los aplaude. Entiéndanme la coña, el Sónar de Día tiene que tener estos momentos.

Disco-traca final

Metro Area by Juan Sala

Metro Area by Juan Sala

Hacia las 19 h se produce el gran clash de este jueves, Francesco Tristano vs. Metro Area. Lo del eurovisivo Sébastien Tellier está bien, pero cuando ya nos ponemos serios hay que elegir. Y como al final la cabra siempre tira al baile, volvemos al Dôme y tenemos premio. Metro Area nos deja en un lapso espacio-temporal disco-house del que es imposible salir.  El público les reverencia acompañando los handclaps y celebrando cada violín que entra, cada string que se va. El award del jueves va para el dúo de culto de Nueva York. Gracias Red Bull, nos das alas.

De vuelta al Village, Rob da Bank -un hombre que tiene dos festivales en Inglaterra y sabe de qué va una buena verbena- decide celebrar los 20 años del Sónar en una sesión que es la que se haría cualquier hijo de vecino en Spotify. Encadena “Spastik”, “The Man With Red Face” y “Strings Of Life” – hola music quiz- y deja la parroquia lista y dispuesta para el festín de Lindstrom y Todd Terje. Los noruegos hacen bueno el tópico de “space disco” en una escenario ya abarrotado. En dos horas hemos vivido la cara americana y la cara europea de la misma moneda. Disco forever, mañana más :)

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